MEDICINAS TRADICIONALES EN MÉXICO

por centrolamat

Texto Centro Lamat

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La medicina tradicional alude a un sistema de saberes y prácticas heredadas en el que las emociones, los pensamientos y las fuerzas externas a la propia voluntad forman parte de un diagnóstico integral para el tratamiento y la curación de enfermedades y padecimientos. Hay quienes argumentan que no se puede hablar de ella como un sistema terapéutico riguroso, pese al cúmulo de evidencia reunida a través de los siglos que comprueba su efectividad y vigencia dentro de los pueblos originales de México y del mundo entero. Sin duda un rasgo importante de la medicina tradicional es el rescate que hace del componente espiritual del paciente. Es decir, el principio vital que anima al ser humano también es tocado por la enfermedad y otras fuerzas externas, y por lo tanto es susceptible de ser curado y devuelto a su armonía natural y cósmica.

Luego de la llegada de los españoles al continente americano, la medicina tradicional sufrió el desprestigio de quienes calificaron sus prácticas y procedimientos como actos de “brujería”. Por desgracia, en nuestras sociedades contemporáneas sigue prevaleciendo este enfoque reduccionista que violenta y degrada los derechos de hombres y mujeres que practican, promueven o son tratados bajo métodos respaldados por conocimientos milenarios sobre curación y bienestar personal.

Ahora bien, al hablar de estos sistemas de curación tradicional es imprescindible hablar de la figura del hombre o de la mujer medicina. Ellos poseen una capacidad de “saber, curar y ver”, que ayuda a que las personas recuperemos una sensación de plenitud y de unidad del ser. El hombre y la mujer medicina activan fuerzas internas que reparan la anatomía humana (una visible y otra secreta), y al mismo tiempo movilizan conocimientos intuitivos en quienes acuden a ellos, ya sea para obtener un lugar en el mundo o para emprender un viaje de autoconocimiento. La curación realizada por ellos implica un proceso de transformación espiritual que va más allá de los procesos meramente fisiológicos y mentales, lo que supone, en muchos casos, la entrada en un ciclo de enseñanza-revelación, así como de transformaciones interiores marcadas por actos simbólicos y ceremonias, que en principio apuntan hacia el reconocimiento y la toma de conciencia de un ego o de una máscara adquirida desde el nacimiento. Los ciclos de transformación o de sanación pueden ser muchos y de naturaleza diversa, su inicio, desarrollo y conclusión depende en gran medida del proceso personal de quienes los viven.

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Dejarse alcanzar por este tipo de medicina muchas veces significa destruirse y reconstruirse por dentro. Exige, entre otras cosas, llegar a términos con uno mismo, reconocerse como un ser atravesado por interrogantes respecto a la propia identidad, la naturaleza del mundo y las relaciones que se establecen con los demás.

Sin lugar a dudas existe un proceso real que va más allá de la eficacia simbólica que este tipo de sistema medicinal echa andar, y en el que la naturaleza misma proporciona los instrumentos para sanar. Una vez que la farmacia externa encuentra y activa la química interna, se produce un cambio en el estado del ser. Pensemos por ejemplo en las plantas medicinales y de poder, o en otros seres vivos que nos aportan su singular cosmovisión ampliando o modificando la nuestra. Hoy en día -como en el pasado, como siempre-, resulta indispensable conocer el legado heredado por nuestros ancestros. Se dice que para que un árbol florezca primero debe fortalecer su raíz.

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